INSTRUCCIÓN  LEONISTICA

 

 

"La seguridad vial no es accidental"

 

La Seguridad Vial no es Accidental

 

El día 7 de abril de cada año, la Organización Mundial de la Salud (OMS), celebra la entrada en vigencia de su Constitución ocurrida en el año 1948, promoviendo el desarrollo de acciones que permitan sensibilizar a la población frente a un problema concreto de salud, procurando que ella adopte medidas que tiendan a evitar el problema o que actúe activamente en su tratamiento. Cada año, ese día se celebra bajo un lema diferente el que está centrado en un tema específico de la salud pública. El Día Mundial de la Salud 2004, está enfocado en los accidentes de tránsito y el lema “La seguridad vial no es accidental”, trata que la población se conciencie  que la seguridad vial no se alcanza por accidente, sino que es el resultado de esfuerzos compartidos entre las autoridades gubernamentales y la población.

 

La magnitud del problema

Seguramente muy lejos estaba el ingeniero alemán Carl F. Benz (1854-1929) de suponer cuando lo patentara, el 26 de enero de 1886, que el triciclo que había fabricado y equipado con un motor a gasolina de cuatro tiempos, inventado por su colega y futuro socio, Gottlieb W. Daimler (1834-1900), que reemplazaba a los anteriores motores a vapor, se transformaría en uno de los inventos más revolucionarios en la historia de la humanidad y símbolo de una nueva forma de vida. A partir de allí, ese primer automóvil, sufriría continuas transformaciones y a su vez, transformaría el concepto de distancia y de tiempo, introduciría cambios en la economía, la cultura y en el desenvolvimiento de las ciudades y contribuiría al desarrollo social y económico de los países. Pero junto con esas dimensiones positivas, condujo a la aparición de nuevos problemas como la contaminación ambiental por ruidos, por humo o por gases de combustión que afectan la salud humana; contribuye en forma indirecta al desarrollo de obesidad y de problemas cardiovasculares, especialmente en las personas de mayor edad, al desalentar la actividad física y fomentar los estilos de vida sedentarios y lo peor, es fuente de un importante número de muertes o discapacidad.

Según lo relata Roadpeace, organización caritativa dedicada al atención de las víctimas de accidentes de carretera en el Reino Unido, la primera víctima por accidente de tráfico que se produjo en el mundo, fue Bridget Driscoll quién murió el 17 de agosto de 1896, a los 44 años, atropellada por un coche en los jardines del Cristal Palace de Londres. El vehículo, manejado por el joven Arthur Edsell, era conducido según un testigo, a una  “tremenda velocidad”, que se estima rondaría entre los 6 y 12 kilómetros por hora. Un poco más de cien años más tarde, también en agosto pero de 1997, a las tres de la mañana del día 31, muere en París a los 36 años  Lady Diana Spencer, Princesa de Gales, fallecimiento que provocó una conmoción mundial. En el tiempo transcurrido entre la muerte de la ignota Bridget y la de la famosísima Lady Diana, el fallecimiento por accidentes de tráfico, ha sucedido decenas de millones de veces.

Un informe producido por la OMS en este año, da cuenta que en el mundo, durante 2002, se estimó que 1.260.000 personas murieron por accidentes de tránsito; que entre 20 y 50 millones sufrieron traumatismos que las obligaron a permanecer internadas en hospitales durante días, semanas o meses y que, posiblemente unas 5.000.000, quedaron con discapacidad permanente. Durante el año 1990, las lesiones por accidente de tráfico, ocuparon el noveno lugar entre las diez primeras causas de enfermedad; de mantenerse la tendencia actual la OMS calcula que en el año 2020, el número anual de muertos e incapacitados por esa causa, habrá aumentado un 60% saltando del noveno al tercer lugar en el ranking de las causas de enfermedad y muerte, por encima de la malaria, la tuberculosis y el VIH/SIDA.

 

Los más afectados

Según la OMS, en el mundo, un promedio de 19 personas cada 100.000 habitantes, resultaron muertas por accidentes de tráfico. La cantidad anual de muertos está en relación inversa con el grado de desarrollo económico y social. Los países más desarrollados, que tienen proporcionalmente una mayor cantidad de vehículos por habitante, tienen anualmente una menor cantidad de víctimas mortales. Probablemente en ello influya la calidad del parque automotor y de las vías transitadas, la severidad de las leyes que regulan el orden del tráfico, las condiciones que deben cumplir los conductores de vehículos automotores y el nivel de educación vial de la población. En los países en desarrollo la población, concentrada en las áreas urbanas, depende mucho del uso de medios de transportes públicos que transitan, a menudo, por vías de circulación en cuyo diseño y construcción no se han tomado las medidas de seguridad más eficientes. Por otra parte, en esas regiones suele ser muy importante el uso de bicicletas, motocicletas y ciclomotores que muchas veces, transportando más de una persona, deben competir con vehículos de motor de mayor porte. Para tener una idea del problema, relacionado con el desarrollo económico y social, basta consignar que mientras en el Reino Unido la cantidad de muertos por accidentes de tránsito alcanzó en el 2002 a 5,4 por 100.000 habitantes, en África la cifra llegó a 28,3 muertos cada 100.000 habitantes.

Peatones, ciclistas, motociclistas y conductores de ciclomotores son los más vulnerables. Según un informe del Consejo Europeo de Seguridad Vial publicado en el 2003, por cada kilómetro recorrido en la Unión Europea el riesgo de morir a causa del accidente de tráfico comparándolo con el de una persona que viaje en automóvil, era ocho veces mayor para el ciclista, nueve veces mayor para el peatón y veinte veces mayor para el motociclista.

Los varones son los que más riesgo tienen de morir por un accidente de tráfico, independientemente de su edad. Los niños, usando vehículos de dos ruedas, suelen tener más riesgo por la falta de uso de casco protector o por que no tienen advertencia de las contingencias del tránsito. Los varones mayores suelen conducir en forma imprudente, alcoholizados, excediendo los límites de velocidad o sin usar los elementos de seguridad. En el mundo, los varones de 15 a 44 años de edad, constituyen más del 50% de la totalidad de víctimas y en el año 2002 se registraron 27,6 muertes de varones contra 10,4 de mujeres, por cada 100.000 habitantes.

Las personas mayores de 60 años son más propensas a sufrir accidentes en general y de tráfico, en particular. Probablemente ese hecho está vinculado a que están menos alertas, tienen menor capacidad de reacción y menor agilidad que los más jóvenes. A su vez, los menores de 15 años son más vulnerables que los mayores de esa edad. Por año más de 180.000 menores de 15 años pierden la vida en accidentes de tráfico y eso se vincula, en los países menos desarrollados, al hecho que ellos no solamente no usan medios de protección, a que tienen menos información y educación acerca del tráfico y sus peligros, sino que además, usan la vía publica como lugar de recreo.

 

Los afectados que no mueren o quedan discapacitados

Cada persona que muere o queda discapacitada por un accidente de tráfico, forma parte de una trama social en la que se incluyen familiares, amigos, compañeros de trabajo o estudio o simplemente vecinos, todos los que se ven afectados, en mayor o menor grado, por un acontecimiento inesperado del cual pasan a formar parte aunque sea como víctimas secundarias. Ellos deben hacer frente al dolor de la pérdida o al cuidado de un discapacitado. Al estrés emocional suele sumarse el económico; muchas familias pierden el principal sostén económico y se empobrecen, muchas veces más de lo que ya lo están, con lo que su futuro se ve seriamente comprometido por la falta de ingresos o por los gastos que supone una recuperación que requiere largo tiempo y que muchas veces no es total, a lo que se suma en algunos casos, el costo que puede representar el intervenir en procedimientos judiciales. Por otro lado muchos niños quedan huérfanos a consecuencia de esos accidentes, con todo lo que ello representa como repercusión adversa sobre las condiciones psicológicas y sociales de los niños y de su familia.

 

El costo de los accidentes de tráfico

El 7 de agosto de 2003 el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, dio a conocer su informe titulado Crisis de Seguridad en el Mundo, en el que refiere que los países gastan entre el 1% al 3% de su producto nacional bruto para atender las lesiones y discapacidades y que, en el mundo, los costos económicos de las lesiones causadas por los accidentes de tráfico asciende a 518.000 millones de dólares anuales. En los países en desarrollo la cifra alcanza a unos 100.000 millones de dólares, cifra mucho mayor a la ayuda que anualmente reciben de los países desarrollados, de donde resulta que esos gastos se sustraen a los recursos económicos que los países menos desarrollados pueden destinar a combatir su pobreza. 

 

¿Qué pasa en la Argentina?

La asociación civil Luchemos por la Vida, orientada a prevenir los accidentes de tráfico, dice que la Argentina ostenta uno de los más altos índices de mortalidad por accidentes de tráfico. La cantidad de muertos por esos accidentes es, en nuestro país, proporcionalmente mayor que las que ocurren en los países europeos o en los Estados Unidos. La asociación estima que mueren casi 20 personas por día, que son más de 120.000 los heridos anuales y que el país gasta unos 10.000 millones de dólares por año, en la atención de los accidentados.

Según datos provisorios, durante el 2003 se registraron un total de 6.672 muertos por accidente de tránsito en el país. La provincia de Buenos Aires con 2.409 muertos contribuyó al 36% de la cifra total en tanto, las provincias de Distrito O1, con 2.016, aportaron el 30% de esas muertes. Por orden, las cifras absolutas de muertos por accidentes de tráfico, que afectan a las provincias del Distrito son: Córdoba 573, Mendoza 307, Tucumán 265, Santiago del Estero 195, San Juan 191, Salta 153, Jujuy 132, La Rioja 72, Catamarca 70 y San Luis 58.

Algunas de las características más destacadas de los accidentes ocurridos durante 2002, son las siguientes:

·         El 68% de los muertos lo fueron en días hábiles. Proporcionalmente los días sábados, domingos y feriados en los que la circulación vehicular es menor, se produce un 12% más por día de accidentes por encima de los que se registran los días hábiles.

·         La mayor proporción de accidentes mortales se produjeron en la franja horaria entre las 12 y 18 horas. Entre las 12 y las 24, se produjeron el 63,5% de las muertes.

·         El 73% de los muertos fueron varones.

·         El 58% de las muertes ocurrieron en zonas urbanas.

·         El 33% de los muertos tenían más de 60 años y el 54% tenían edades entre los 20 y 60 años.

·         Los peatones fueron las principales víctimas (44%), seguidos de los conductores u ocupantes de los automotores (27%). Los ciclistas, motociclistas y ciclomotoristas constituyeron el 28% de las muertes totales.

·         Se estima que en el 60% de los casos, hubo exceso en el consumo de alcohol.

 

Leones víctimas de accidentes de tránsito.

La frecuencia con la que se producen los accidentes viales hacen que todos, en algún momento, hayamos padecido en forma directa o indirecta, sus consecuencias. El 21 de mayo de 1999 los Leones sufrimos el más duro golpe que recordemos, vinculado a un accidente de tránsito. Ese día, en la madrugada, el ómnibus de la empresa Paterno S.R.L. que había sido contratado para trasladar a la delegación del Club de Leones de Paraná, Parque Urquiza, a la ciudad de Mendoza donde se realizaba la 43ª Convención Nacional, se estrelló contra un camión en la ruta 7, en las proximidades de Villa Mercedes, San Luis, cobrándose la vida de 21 víctimas fatales. El 24 de ese mes en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, ubicado el El Challao, Mendoza, los Leones nos reunimos en el templo para orar por los fallecidos. En esa oportunidad, Adolfo “Dippy” Salvatierra, Gobernador del Distrito O2, durante la celebración de la misa expresó: “Lo que debía ser una gran celebración para Mendoza y todos los argentinos se transformó, lamentablemente, en un tremendo dolor espiritual” con lo que ponía en evidencia  el pensamiento de todos los Leones frente a tan grande tragedia. La crónica de esa época invoca como causa principal del accidente, a que el ancho de la ruta donde se produjo la fatal colisión, no era lo suficientemente  adecuada a las necesidades del tráfico que se registraba en ese momento.

 

Factores que intervienen en el riesgo de sufrir accidentes de tráfico

Prevenir la ocurrencia de accidentes de tráfico es una tarea que impone primero, conocer cuales son los factores que intervienen para hacer que el riesgo de padecerlos aumente. Entre ellos, los más destacables son:

·         La velocidad. Las consecuencias de la alta velocidad son claramente demostrables como factores que promueven la aparición de accidentes. Estudios realizados han demostrado por ejemplo, que cuando la velocidad de un coche pasa de 30 a 50 kilómetros por hora, la probabilidad de muerte de un peatón se multiplica por ocho. El aumento del riesgo de colisión por la alta velocidad crea la necesidad de articular medidas que tiendan a limitarla y por lo tanto, a reducir la posibilidad de que ocurran lesiones o muertes.

·         El alcohol. El consumo de alcohol tanto por parte de los conductores de vehículos, como por los peatones, se ha demostrado como un  factor ligado fuertemente a la ocurrencia de los accidentes y a la gravedad que estos presentan. Las medidas tendientes a controlar su consumo en los conductores y la sanción contra los que conducen bebidos, se ha probado como una medida eficaz para reducir la probabilidad de los accidentes.

·         El uso de elementos de seguridad. El uso del casco entre los conductores de motocicletas o ciclomotores, contribuye a reducir entre el 20% y el 45% la probabilidad de sufrir lesiones en la cabeza. A pesar que muchas provincias y municipios han decretado la obligatoriedad de su uso, son pocos los conductores que obedecen esas reglas. Una encuesta realizada en la Ciudad de Buenos Aires el 3 de abril de 2002, demostró que sólo el 56% de los que conducen motocicletas o ciclomotores, usan el casco.

             El uso de cinturones de seguridad permite reducir en un 61% el riesgo de muerte de los ocupantes del asiento delantero de los automotores. De la misma manera el uso de asientos de seguridad especiales y la inmovilización adecuada de los niños, que deben ocupar siempre el habitáculo posterior del coche, reduce grandemente la probabilidad que ellos sufran accidentes graves o fatales. A pesar que las campañas oficiales así lo dicen, son pocos los conductores que cumplen esas recomendaciones. En la encuesta referida se encontró que solamente el 24% de los conductores usaban el cinturón de seguridad; una proporción menor de los acompañantes en el asiento delantero los usaban (21%) y solamente lo hacían un 4% de los que viajaban en los asientos traseros. Para peor, un 35% de los asientos delanteros, estaban ocupados por niños, lo que es indicativo de la grave despreocupación y desaprensión de los conductores.

·         Las condiciones de las vías de tránsito. El diseño adecuado y el mantenimiento de las carreteras constituyen un medio eficaz para reducir la probabilidad de accidentes, sobre todo cuando se cuenta con señalizaciones e indicaciones claras y visibles, en especial en las cercanías de los cruces de caminos, donde la buena visibilidad y la iluminación son elementos esenciales en la seguridad vial. Tiene también importancia vigilar la presencia en las rutas, de animales que entorpecen la circulación y que son fuente de no pocos accidentes fatales.

·         La aplicación de normas de seguridad vial.  Normas mínimas como la limitación de la velocidad, concesión de licencias para conducir, control periódico del estado vehicular, penalidades por conducir en estado de embriaguez, por conducción peligrosa o por el no uso de elementos de seguridad, son también elementos fundamentales para reducir la incidencia de los accidentes de tráfico. Pero, la sola existencia de normas es insuficiente para esos fines: es necesario que exista un adecuado nivel de imposición de las mismas  por parte de las autoridades públicas.

 

Pensando en la acción.

Muchos Leones y Clubes han tomado la iniciativa de actuar en la prevención de los accidentes de tráfico. Así han producido folletos en los que vuelcan las principales normas de seguridad que deben observarse y que se entregan en escuelas o a los conductores de vehículos en los puestos de control caminero. En otros casos han colocado carteles a la entrada o salida de las ciudades, instando a conducir dentro de límites de velocidad seguros, apelando para ello a la antigua frase: “Papá, no corras. Te esperamos”.

Enfrentados a una realidad que hay que revolucionar, tales acciones aparentan ser insuficientes. Tampoco parecen ser suficientes las encaradas por otras organizaciones sociales; tan es así que los índices de accidentes registrados anualmente aumentan o, por lo menos, no tienen tendencia a bajar. Es de observación que la participación de la sociedad en la prevención de los accidentes de tráfico es mínima, comparándola con el deseo que manifiestan las personas de intervenir en campañas de prevención o de ayuda en otros graves problemas de la sociedad como con el SIDA, la drogadicción o la contaminación ambiental. En cierto sentido pareciera que la sociedad no cree que los accidentes de tráfico pueden prevenirse y evitarse y que, por lo tanto ellos son fatalidades inevitables

En otro extremo, muchas veces las autoridades públicas no trazan  o aplican medidas de seguridad eficientes. Tampoco muestran el adecuado rigor en imponer el cumplimiento de las leyes y normas reguladoras del tránsito, garantizando la seguridad de todos los ciudadanos. Distintos tipos de vehículos de motor suelen compartir las vías públicas, con peatones, animales y bicicletas, sin que se apliquen medidas tendientes a ordenar el tránsito, las más de las veces caótico y desordenado. Otro tanto sucede con las condiciones de circulación de los vehículos que muchas veces, ante la pasividad de las autoridades, circulan con graves deficiencias en sus condiciones generales de rodaje.

Este pequeño listado resulta claramente indicativo de las dificultades que presenta encarar una campaña de concienciación de la sociedad sobre la prevención de los accidentes de tráfico.  Se hace necesaria una acción fuerte y permanente, que tienda a fijar definitivamente un principio ético básico: La vida y la salud humanas son primordiales y ellas tienen prioridad sobre cualquier otra cosa, incluso sobre las referidas a la circulación vehicular. 

 

La comunidad, les entidades organizadas que la integran y las autoridades son todas, en distinto nivel, corresponsables de hacer la vida de las personas más llevadera y segura. En el campo de la seguridad vial a nosotros, los Leones, nos corresponde sensibilizar a la población sobre la necesidad de cumplir con las normas que regulan el tránsito vial, presionar para que las autoridades públicas apliquen las normas dictadas y corrijan sus desviaciones haciendo que esos instrumentos regulatorios tengan vigencia real y no teórica y, tal vez, lograr que en los contenidos curriculares de las escuelas, en todos sus niveles, la enseñanza de los deberes y obligaciones en el marco de la seguridad vial, nos lleve, a largo plazo a transformar una realidad que cotidianamente nos golpea.

Cada día, nosotros, nuestros hijos o parientes, nuestros amigos o vecinos, entramos a una verdadera selva del tránsito; la forma en que saldremos de ella, sanos o lesionados, vivos o muertos, debe dejar de ser un acontecimiento azaroso y pasar a ser un acto seguro, tanto en ese extremo como en el otro.

La vida humana es un valor absoluto moral, religiosa o jurídicamente hablando, que debe ser respetada por uno mismo y que debe ser respetable para los demás. Evitar la muerte prematura e injusta que proviene de los accidentes de tráfico, exige un fuerte acuerdo social y el compromiso sin claudicaciones, de todos los sectores involucrados para alcanzar niveles de seguridad adecuados que nos pongan a salvo de los riesgos actuales. La tarea a emprender está llena de obstáculos y dificultades, pero ello no obsta nuestra participación activa para lograr esos fines. Después de todo, los Leones estamos llamados a emprender las misiones menos fáciles que son, precisamente las que avivan cotidianamente, el fuego sagrado que alimenta nuestro espíritu de servicio.

 

Franklin J. Moyano
Asesor Distrital de Salud- PF 2003-2004
franklinmoyano@hotmail.com

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                                                                                              Transcripción para Web Page del Distrito "O-1"

                                                                                            León Pedro Mario Marrello